TCA Y DEPORTE

En este artículo, queremos remarcar y hacer ver la importancia de la relación que puede existir entre deporte y predisposición a desarrollar un Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA) ya que, en términos generales, asociamos deporte a salud. De hecho, en estudios recientes se relaciona de forma inversa la práctica deportiva con el riesgo de sufrir un TCA y con mejores puntuaciones en el autoconcepto físico (Goñi y Rodríguez, 2004). Y, desde nuestro punto de vista, los beneficios del deporte en salud son de tal magnitud, que puede resultar difícil creer que tenga algún posible efecto perjudicial. Si bien, cuando éste se practica en exceso, con una finalidad de adelgazamiento o con expectativas irrealistas, con unas pautas muy rígidas de protocolos o normas a seguir, etc. puede afectar a la conducta alimentaria y llegar a desarrollar patologías graves como la anorexia y bulimia entre otras (Davis, Fox, Cowles, Hastings y Schwass, 1990).

Es evidente que en la actualidad, los TCA siguen aumentando su prevalencia (tanto en el ámbito deportivo como no deportivo) y en estudios con animales de experimentación, se demostró que la actividad física puede ser de vital influencia en el desarrollo patológico de algunos TCA (Davis et al., 1997).

La incidencia de éstos es superior en grupos de población que están sometidos a una influencia sociocultural más intensa (Bardone et al., 2007), en la que se da mucha importancia a aspectos estéticos y físicos. Además de este énfasis en la figura esbelta, podemos destacar otros factores influyentes como el desempeño deportivo y la autovaloración negativa con respecto a la capacidad de lograr metas (Beals y Manore, 1994; Williamson et al., 1995). Aunque en general, desde organismos gubernamentales se suele intentar promover una salud global e integrativa, dando importancia a la prevención del sobrepeso y a aprender a tener buenos hábitos alimenticios y de deporte… Encontramos muchos casos en los que se utiliza el ejercicio y/o la alimentación como herramientas de control y obsesión, dando origen a graves patologías alimentarias y dismorfia corporal (Behar y Hernández, 2002).

Las mujeres en este sentido, presentan más riesgo ya que la incidencia es mucho mayor en el sector femenino (por cada 9 casos femeninos de anorexia, hay 1 masculino) (Márquez, 2008). Según Roger y Cols, (1996,1998) así como Sundgot-Borgen (1994), del 1% de la población femenina que sufre TCA, el 62% son deportistas profesionales. Además, ellas presentan otras complicaciones adicionales ya que pueden desarrollar irregularidades del ciclo menstrual, reducción de la densidad mineral ósea y osteoporosis, lo cual se denomina tríada de la atleta femenina (Torstveit y Sundgot-Borgen, 2005). En ésta, se presenta un estado de agotamiento, depresión e irritabilidad debido a la alteración del sistema hormonal, donde es importante remarcar la función reducida de la leptina (la cual regula el apetito y metabolismo). La regulación inadecuada del balance energético en los deportistas con trastornos alimentarios, podría utilizar la leptina como enlace metabólico entre la disponibilidad de energía, el tejido adiposo y el control endocrino del eje reproductor (Márquez, 2008).

Como consecuencia del TCA y desnutrición o malnutrición en deportistas (que tienen un desgaste mayor que la población sedentaria), pueden aparecer problemas cardiovasculares, una mayor incidencia de fracturas, pérdidas de potencia muscular, fuerza, velocidad y resistencia…Así como reducción de los niveles de líquidos corporales adecuados para el correcto funcionamiento anatómico (Márquez, 2008). Con lo cual se consigue empeorar el rendimiento; todo lo contrario de lo que en un inicio (al ser deportistas) buscan.

Para que esto no ocurra, es primordial estudiar en profundidad la prevalencia y detección de los TCA en el ámbito del deporte, así como los factores de riesgo con tal de prevenir (como bien dice el dicho popular) en vez de curar.

En próximos artículos, resumiremos los aspectos más importantes para la prevención y el tratamiento o superación de los TCA. En éste, nos centraremos en los aspectos que creemos que pueden ayudar al lector a identificar si tiene alguno o varios de los rasgos que pueden desencadenar un TCA y percatarse de las peligrosas consecuencias que pueden desencadenar en personas deportistas, para ayudarles así, a promover su motivación por solucionar el problema.

Según la mayoría de investigadores se dan tres posibles explicaciones de la relación entre TCA y Deporte:

  • Relación de atracción del deporte atendiendo a ciertas atribuciones que se hacen a sus deportistas: extrema delgadez o bajo peso como señal de éxito o más probabilidades de ejecutar mejor la técnica, etc. Son personas que ya tienen unos indicios patológicos y escogen estos deportes para tener una excusa y vía para conseguir adelgazar. Existe evidencia que demuestra que la motivación por adelgazar es un indicador importante de riesgo para desarrollar una patología alimentaria (Behar, 1998; Lindeman, 1994). Consiste en una obsesión y determinación exagerada por lograr una delgadez que no es coherente para la talla, edad, sexo de la persona y que está muy relacionada con la dismorfia corporal que los pacientes con estas patologías presentan. Debemos remarcar de nuevo, el contexto sociocultural en el que vivimos que realza la figura corporal y el culto al cuerpo en el que los ideales son muy distantes a la realidad.
  • Relación de causa. Existen diversos modelos: Por un lado, el que defiende que el ejercicio extenuante reduce o suprime el apetito y por lo tanto la ingesta y el peso. Esto refuerza el valor del ejercicio y la motivación para seguir con él, convirtiéndose en un círculo vicioso muy difícil de romper (Epling y Pierce, 2013). Se ha demostrado en investigaciones con animales que tanto la actividad física como el hambre parecen potenciarse entre sí, provocando alteraciones en el sistema serotoninérgico (Davis, 1997).

Y por otro, la presión sometida a bajar de peso en ciertos deportes siguiendo dietas muy restrictivas y con métodos patógenos nada saludables para conseguirlos y mantenerlos, así como el refuerzo positivo de la bajada de peso.

  • Relación de precipitación. El deporte puede ser el “detonador” en personas con cierta predisposición a desarrollar un TCA por factores individuales, familiares, genéticos, biológicos, ambientales, socioculturales, etc. (Márquez, 2008).

Los factores de riesgo vinculados a la aparición de TCA específicamente relacionados a la práctica deportiva, (aunque muchos también se dan en no-deportistas), son según Alonso (2006):

  • Baja autoestima, insatisfacción corporal (Waller, Hamilton y Shaw, 1992) y excesiva importancia al peso y la delgadez.
  • Presión en cuanto a la alimentación y/o al peso por motivos de rendimiento deportivo. Pueden relacionar ilógicamente delgadez con rendimiento y creer que existe un “canon” estético para ciertas modalidades deportivas (Powers y Johnson, 1996). La presión también puede tener origen de forma social, del entrenador, la propia, la familiar, la del deporte que se practica, el tiempo que tienen para entrar en la categoría (Dosil, 2003), etc. Por lo que el entorno juega un papel importante y sobre todo, la relación que la persona tiene con éste.
  • Hay ciertas modalidades deportivas en las que el peso es muy determinante (Dosil, 2004):
  • Deportes de estética (gimnasia rítmica y deportiva, patinaje artístico, natación sincronizada, ballet, danza…) con un alto grado de perfección del movimiento y correcta imagen corporal.
  • Deportes de categorías de pesos (boxeo, kickboxing, taekwondo, halterofilia, lucha, powerlifting, judo, karate…)
  • Deportes de gimnasio, muy importantes en el desarrollo de la vigorexia, término desarrollado por Harrison G. Hope (culturismo, aerobic, fitness…)
  • Deportes de resistencia (maratón, natación, medio fondo y fondo de atletismo…) y reclamo sexual (vóley-playa)

A destacar, la importancia de que compiten de forma individual en estos deportes (Rodríguez, Martínez, Novalbos, Ruiz y Jiménez, 1999).

  • El nivel de competición. A pesar de que siempre se ha creído que el riesgo es mayor cuanto más se aproxima a la élite, en realidad, al haber aumentado los casos en niveles intermedios, no consiguen llegar a la élite debido al TCA.
  • Especialización en el deporte cada vez más precoz ya que cuanta menos edad y madurez, más probabilidad de desarrollar un TCA (Fabian y Thomson, 1989; Sundgot-Borgen, 1994).
  • El aumento del volumen de actividad física acompañado de restricciones alimentarias.
  • Utilización de otros métodos de pérdida de peso poco saludables: laxantes, térmicos como fajas o saunas, purgas, diuréticos, ayunos, píldoras adelgazantes…
  • Acontecimientos traumáticos como pérdida del entrenador, abuso sexual por parte de alguien del entorno deportivo, accidentes, lesiones o parones de la actividad por los cuales han subido de peso y tras lo cual quieren poner remedio… Y rasgos de depresión asociada.
  • Comentarios despectivos (bullying) por alguien de su entorno (Fabian y Thomson, 1989; Levine, Smolak y Hayden, 1994; Paxton, Schutz, Wertheim y Muir, 1999), así como autocríticas.
  • Personalidad del deportista: Los rasgos de perfeccionismo, compulsividad y expectativas demasiado elevadas son los mismos que suelen asociarse a un buen rendimiento deportivo. Dentro de los rasgos comunes de personalidad, Behar (1996), confirmó el supuesto planteado por Slade y Dewey (1990), al determinar que el perfeccionismo, es decir, la ambición por la obtención de la excelencia y éxito en las metas propuestas (ya sea en ámbitos académicos y/o laborales como deportivos), es un factor de riesgo para individuos insatisfechos con su cuerpo y su vida en general. De hecho, como ya hemos comentado, presentan una percepción alterada o distorsionadora de su cuerpo que les provoca esa insatisfacción constante. Cabe comentar, que se encuentra una tendencia obsesiva y comportamientos obsesivo-compulsivos recurrentes (Davis et al., 1995), los cuales se reflejan también en el uso y abuso de sustancias (Rodríguez, 2009). También se han relacionado con desconfianza interpersonal (Behar y Hernández, 2002).

Para finalizar, es importante recordar que, en la práctica deportiva juega un papel fundamental la preparación física adecuada (el entrenamiento) pero también debemos tener en cuenta otras variables igual de importantes como una correcta alimentación acorde al ejercicio, un descanso reparador, la preparación psicológica, etc. Esto es lo que Alonso (2006) denomina el “entrenamiento invisible”. Y todo ello está íntimamente relacionado con los problemas que se presentan en un TCA: tanto en la conducta alimentaria (restricción, purga, picoteo, atracones…), como en la parte mental (obsesión, búsqueda constante de la perfección, alteración de la visión corporal y objetivo principal…) y como consecuencia, la del descanso (desregulación hormonal, hiperactividad…). Una buena conducta alimentaria (de lo cual se encargan los psicólogos) y una buena pauta dietética (dietistas-nutricionistas) son ambas de vital importancia en deportistas y debe ser prioritario un trabajo conjunto para conseguir un rendimiento óptimo.

REFERENCIAS

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Bardone-Cone, A.M., Wonderlich, S.A., Frost, R.O., Bulik, C.M., Mitchell, J.E., Uppala, S., y Simonich, H. (2007). Perfectionism and eating disorders: Current status and future directions. Clinical Psychology Review27(3), 384-405.

Beals, K. y Manore, M. (1994).The prevalence and consequences of subclinical eating disorders in female athletes. Int J Sport Nutr; 4: 175-95.

Behar, R. (1996). El perfeccionismo en los trastornos del hábito del comer. Rev Chil Neuro-Psiquiat; 34: 257-62.

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