FACTORES PSICOLÓGICOS EN LA LESIÓN DEPORTIVA

Uno de los mayores obstáculos que se presentan en la carrera de todo deportista, siendo inherentes a  la actividad física y la práctica deportiva, son las lesiones. Si bien el ejercicio físico y el deporte suelen asociarse a aspectos relacionados con la salud, también implican un elevado riesgo de lesiones para los practicantes, ya sean personas que realizan actividad física de mantenimiento, jóvenes en competiciones escolares o deportistas profesionales (Almeida, Olmedilla, Rubio, y Palou, 2014).

Roturas fibrilares de gemelo, luxaciones de hombro, esguinces de tobillo, fractura de clavícula… y un largo etcétera de dolencias que varía en función de la modalidad practicada, pueden producirse con una alta probabilidad a corto, medio, o largo plazo, mientras se lleve a cabo la actividad física o deporte. Como dato relevante, sabemos que en Estados Unidos se estima que cada año alrededor de 10 millones de personas (incluyendo niños menores de 14 años) sufren una lesión deportiva (APA, 2013). Por otra parte, en Europa, las lesiones se producen mayoritariamente en edades comprendidas entre los 15 y 25 años, registrando que las más recurrentes son de tipo ligamentoso o muscular en las extremidades inferiores de los varones, debido a la alta frecuencia de  la práctica masculina de deportes como el fútbol y el baloncesto (Moreno, Rodríguez, y Seco, 2008).

Como dato importante, en el estudio de Pujals, Rubio, Márquez, Sánchez, y Ruíz-Barquín (2016) se afirma que la tasa global de lesiones por exposición, considerando tanto el entrenamiento como la competición, es de 4,1 lesiones por cada 1000 horas de exposición (siendo este rango variable en función del riesgo que presenta cada modalidad deportiva). Por lo tanto, especialmente en el deporte profesional, las lesiones y la actividad deportiva van de la mano, provocando diferentes problemas e incomodidades en el deportista, tales como: disfunción del organismo lesionado, dolor físico, interrupción o limitación de la actividad deportiva, cambios en el entorno deportivo, posibles pérdidas en cuanto a resultados esperados, modificaciones en la planificación, interrupción o limitación de actividades extradeportivas y cambios de vida personal y familiar (Buceta,1996).

 

¿Cuáles son las causas de una lesión deportiva?

Para entender cómo y por qué se produce una lesión, parece evidente que debe abordarse el problema desde una perspectiva multifactorial, teniendo en cuenta las diferentes variables que pueden provocar que un deportista se lesione. Existen numerosos modelos que explican, según su particular perspectiva, el origen o las causas de las lesiones. En particular, cabe destacar el Modelo Biopsicosocial de Brewer, Andersen, y Van Raalte (2002) en el que, de manera global, proporcionaron un marco integrador de los modelos existentes relacionados con la rehabilitación de lesiones deportivas. El modelo tiene siete componentes clave: lesión, factores sociodemográficos, factores biológicos, factores psicológicos, factores sociales y contextuales, respuestas biopsicológicas y resultados de rehabilitación de lesiones deportivas. Con este modelo, afirman que el tipo, la causa, la gravedad, la ubicación y la historia de la lesión influyen no sólo en factores biológicos, sino también en factores psicológicos, sociales y contextuales, considerando así que existen relaciones recíprocas y multidireccionales entre éstos. Por lo tanto, como en otras muchas áreas, cuando nos referimos a lesiones deportivas hemos de tener en cuenta su origen multifactorial (Brewer, 2007).

 

¿En qué medida influyen los factores psicológicos en las lesiones deportivas?

La psicología ha tratado de conocer qué aspectos pueden provocar que un deportista aumente sus probabilidades de lesionarse. Durante las últimas décadas, diferentes autores intentaron valorar las diferentes relaciones entre las variables psicológicas y las lesiones.

Uno de las primeras áreas de estudio fue la personalidad, donde se intentaba establecer algún tipo de relación entre la probabilidad de lesionarse y determinados patrones de personalidad (Abadie, 1976; Brown, 1971; Irwin, 1975; Jackson et al., 1978). Variables como el locus de control, la autoestima, autoconfianza y la ansiedad relacionadas con el estrés fueron las más estudiadas, pero los resultados no permitieron establecer completamente dicha relación (Fischer, 1984). Por otra parte, Junge (2000), en su revisión bibliográfica afirma que a pesar de no haber una personalidad propensa a sufrir lesiones deportivas, sí parece existir una impulsividad o tendencia a correr riesgos innecesarios en los atletas con mayor número de lesiones.

 

Por otro lado, podemos encontrar diferentes estudios donde se relaciona el estrés con las lesiones deportivas. Desde su publicación, el modelo de Estrés-Lesión de Andersen y Williams (1988) ha sido el más destacado. En él, los autores afirman que el estrés es un elemento psicológico clave involucrado en los factores de riesgo internos que pueden generar en el deportista mayor vulnerabilidad de sufrir una lesión. A grandes rasgos, de manera explicativa podríamos decir que si un deportista se encuentra ante una situación de estrés, responderá en función de la valoración cognitiva que realice en ese momento, lo que provocará cambios fisiológicos (mayor tensión muscular) y atencionales (déficits de concentración), que serán el perfecto caldo para que las lesiones puedan manifestarse con mayor facilidad (junto a la personalidad, historia de estrés y recursos de afrontamiento que posea el deportista). Fue un modelo muy relevante que provocó el desarrollo de muchas investigaciones relacionadas a esta variable (Olmedilla, Ortega, Abenza y Boladeras, 2011).

 

Por lo tanto, siguiendo a este popular modelo, podemos apreciar como la valoración cognitiva que realiza el deportista sobre sí mismo y sobre los demás (entrenadores, técnicos, compañeros) en una determinada situación provocará diferentes cambios fisiológicos y atencionales, generando una mayor o menor carga de estrés en función de la interpretación que realice el deportista. Esto ha sido relacionado con la aparición de lesiones de carácter grave (Olmedilla, Ortega y Abenza, 2005). Además, dicha valoración cognitiva puede afectar a la capacidad atencional del deportista y derivar en respuestas de estrés inadecuadas que aumentarán el riesgo de lesión. Kerr y Minden (1988) encontraron relaciones significativas entre capacidad de concentración y menor riesgo de lesión; Thompson y Morris (1994) descubrieron relaciones directas entre el estrés, un mayor estrechamiento de la visión periférica del deportista y una mayor vulnerabilidad a la lesión; y Olmedilla et al. (2011), afirman como en situaciones de entrenamiento y competición, donde suele existir un mejor manejo de la capacidad atencional, existe un menor riesgo de lesión.

 

En referencia a los estados emocionales o de ánimo, aquellos deportistas que presenten de manera frecuente estados de tensión, depresión, cólera o vigor pueden ser más propensos a padecer una lesión (Ortín, 2009; Rozen y Horne, 2007). También, el exceso o defecto de activación puede aumentar las probabilidades de que un deportista se lesione. Autores como Díaz, Buceta y Bueno (2004); y Junge (2000), sugieren que se producen más lesiones durante la competición, los días previos a la misma, tras cambios inesperados del entorno (categoría, entrenador, sucesos) y en aquellos jugadores que son titulares un mayor número de veces.

 

¿Qué podemos hacer?

Si deseamos sumar a nuestro favor y evitar que estos factores psicológicos nos afecten en el desempeño de nuestra actividad deportiva provocándonos una lesión, sería muy recomendable (Abenza, 2010; Ortín, Garcés de los Fayos y Olmedilla, 2010):

 

  • Controlar el estrés, modificando los aspectos fisiológicos y atencionales de la respuesta, mediante un entrenamiento psicológico de habilidades de afrontamiento y recursos personales.
  • Cambiar la valoración cognitiva de situaciones estresantes, para evitar que las creencias irracionales o los pensamientos desadaptativos generen mayor estrés.
  • Mejorar los recursos psicológicos del deportista (programas de entrenamiento mental individualizados) que le permitan gestionar mejor sus emociones. 

En numerosas ocasiones, el mayor obstáculo para realizar estas intervenciones psicológicas es que el deportista considera que la causa principal de su lesión es externa, ajena a su persona, no pudiendo hacer nada para evitar que vuelva a suceder (Olmedilla et al., 2011). Resulta muy importante, sobre todo en la práctica profesional, el apoyo de un psicólogo deportivo para asesorar en la prevención y rehabilitación de lesiones, trabajar con los deportistas en la mejora de sus recursos psicológicos, planificar el entrenamiento y la competición, teniendo en cuenta las variables psicológicas más importantes y proporcionar la orientación psicológica en la mejora de los recursos técnicos y habilidades deportivas (Palmi, 2001).

Además, cuando un deportista sufre un elevado número de lesiones que le generan un amplio historial de dolencias y estrés, si no se interviene a tiempo se puede llegar a entrar en un círculo sin solución, donde las lesiones provocan altos niveles de ansiedad, procesos atencionales no adecuados y bajos niveles de autoconfianza, que generarán más respuestas de estrés y, por lo tanto, aumentarán la probabilidad de sufrir una nueva lesión (Nicholls y Polman, 2007).

  

En siguientes artículos veremos cuáles son las mejores herramientas y técnicas que pueden permitirnos controlar estos factores psicológicos para disminuir el riesgo de sufrir una lesión, así como recursos válidos para todo el proceso: prevención, recuperación y vuelta a la práctica competitiva.

 

 

Abadie, D.A. (1976). Comparison of the personalities of non-injured and injured female athletes in intercollegiate competition. Disertation Abstracts, 15(2), 82.

 

Abenza, L. (2010). Psicología y lesiones deportivas: un análisis de factores de prevención, rehabilitación e intervención psicológica (Tesis doctoral no publicada). Universidad Católica San Antonio, Murcia

 

Almeida, P., Olmedilla, A., Rubio, V. J., y Palou, P. (2014). Psychology in the realm of sport injury: What it is all about. Revista de Psicología del Deporte, 23(2), 395-400.

 

American Psychological Association Division 47’s Science Committee (2013). Psychology of Injury and Rehabilitation. SportPsych Works, 1(1), 1-2.

 

Andersen, M. B., y Williams, J.M. (1988). A model of stress and athletic injury: Prediction and prevention. Journal of Sport & Exercise Psychology, 10(3), 294-306.

 

Brewer, B. W. (2007). Psychology of sport injury rehabilitation. En G. Tenenbaum y R.C.Eklund (Eds.), Handbook of sport psychology, (18, 404-424). Hoboken, New Jersey, United States of Aamerica: John Wiley & Sons, Inc.

 

Brewer, B. W., Andersen, M. B., y Van Raalte, J. L. (2002). Psychological aspects of sport injury rehabilitation: Toward a biopsychosocial approach. En D. Mostofsky y L. Zaichkowsky (Eds.), Medical and psychological aspects of sport and exercise, (4, 41-54). Morgantown, West Virginia, United States of America: Fitness Information Technology.

 

Brown, R.B. (1971). Personality characteristics related to injuries in football. Research Quarterly for Exercise and Sport, 42, 133-138.

 

Buceta, J. M. (1996). Psicología y lesiones deportivas: prevención y recuperación, (1, 102-104). Madrid, España: Dykinson.

 

Díaz, P., Buceta, J.M., y Bueno, A.M. (2004). Situaciones estresantes y vulnerabilidad a las lesiones deportivas: un estudio con deportistas de equipo. Revista de Psicología del Deporte, 14, 7-24.

 

Fischer, A. C. (1984). New directions in sport personality research. En J.M. Silva y R.S. Weinberg (Eds.), Psychologial foundations of sport, (70-80). Champaing, IL: Human Kinetics.

 

Irwin, R. F. (1975). Relationship between personality and the incidence of injuries to high school football participants. Dissertation Abstracts International, 36, 28-43.

 

Jackson, D. W., Jarret, H., Barley, D., Kausch, J., Swanson, J. J. y Powell, J. W. (1978). Injury prediction in the young athlete. The American Journal of Sports Medicine, 6, 6-14.

 

Junge, A. (2000). The influence of psychological factors on sports injuries: Review of the literature. The American Journal of Sport Medicine, 28, 10-15.

 

Kerr, G. y Minden, H. (1988). Psycological factors related to the ocurrence of athletic injuries. Journal of Sport and Exercise Psychology, 10, 167-173.

 

Moreno, C., Rodríguez, V., y Seco, J. (2008). Epidemiología de las lesiones deportivas. Fisioterapia, 30(1), 40-48.

 

Nicholls, A.R. y Polman, R.C.J. (2007). Stressors, coping, and coping effectiveness among players from the England Under-18 Rugby Union Team. Journal of Sport Behavior, 30, 2.

 

Olmedilla, A., Ortega, E., Abenza, L., y Boladeras, A. (2011). Lesiones deportivas y psicología: una revisión (2000-2009). Cuadernos de Psicología del Deporte, 11(1), 45-57.

 

Olmedilla, A., Ortega, E. y Abenza, L. (2005). Influencia de la evaluación de la ejecución deportiva y lesiones. Revista electrónica Cienciaydeporte.net, 2(1), 1-5.

 

Ortín, F. J., Garcés de los Fayos, E. J., y Olmedilla, A. (2010). Influencia de los factores psicológicos en las lesiones deportivas. Papeles del Psicólogo, 31(3), 143-154.

 

Ortín, F.J. (2009). Factores psicológicos y socio-deportivos y lesiones en jugadores de fútbol en jugadores semiprofesionales y profesionales. Tesis doctoral no publicada. Universidad de Murcia.

 

Palmi, J. (2001). Visión psicosocial en la intervención de la lesión deportiva. Cuadernos de Psicología del Deporte, 1(1), 69-79.

 

Pujals, C., Rubio, V. J., Marquez, M. O., Sánchez, I., y Ruiz-Barquin, R. (2016). Comparative sport injury epidemiological study on a Spanish sample of 25 different sports. Revista de Psicología del Deporte, 25(2), 271-279.

 

Rozen, W.M. y Horne, D.J.L. (2007). The Association of Psychological Factors with Injury. Incidence and Outcome in the Australian Football League. Individual Differences, 5(1), 73-80.

 

Thompson, N. J. y Morris, R. D. (1994). Predicting injury risk in adolescent football players: The importance of psychological variables. Journal of Pediatric Psychology, 19, 415-429.

 

 

 

 

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