EL CEREBRO DEL DEPORTISTA

El cerebro es el órgano más complejo que tenemos, cuenta con más de 100.000 millones de neuronas que nos guían en nuestro día a día para llevar a cabo las conductas enfocadas a nuestros objetivos. En neurociencia y neuropsicología se estudia la relación entre el cerebro y la conducta, la cognición, las emociones y las relaciones sociales, ya que alteraciones a nivel cerebral generan cambios a nivel conductual, cognitivo, emocional y social (entre otros).

Es común ver a pacientes con lesiones hipocámpicas mostrar déficit de memoria y dificultad para aprender nueva información, de igual modo, es frecuente que pacientes que presentan lesiones frontales muestren alteraciones en la toma de decisiones, en el autocontrol, en las relaciones con los demás o en la capacidad de autogestión. Esta relación de lesión-síndrome neuropsicológico nos ayuda a entender que el cerebro está relacionado íntimamente con lo que somos, con lo que hacemos y con lo que sentimos, aunque lo esperanzador y realmente curioso es que esta relación es bidireccional, es decir, en función de cómo nos comportemos, de cómo pensemos, de cómo gestionemos nuestras emociones y en función de cómo nos relacionemos con los demás, nuestro cerebro mostrará un patrón de activación u otro, unas conexiones más activas u otras,  un consumo metabólico singular y unas redes neuronales que nos definen. Podríamos decir que cada persona, en función de cómo viva tendrá un cerebro u otro.

Teniendo en cuenta lo anteriormente expuesto, ¿Cómo es el cerebro de una persona que hace ejercicio físico? ¿Influye el deporte en nuestras capacidades cognitivas y nuestras emociones? ¿Genera cambios positivos o negativos?

Si practicas ejercicio físico tu cerebro es diferente al resto de personas que son sedentarias ¿Quieres saber en qué se diferencia tu cerebro del resto? Sigue leyendo y conoce mejor tu cerebro.

La actividad física y el ser humano

Desde el nacimiento del primer homo sapiens sapiens la actividad física ha sido un medio necesario e inevitable para sobrevivir. Nuestros antepasados necesitaban caminar durante horas o incluso días para descubrir nuevos lugares provistos de recurso. Corrían detrás de su presa y luchaban con ésta para poder alimentarse a sí mismos y a su familia, corrían campo a través esquivando obstáculos cuando algún depredador les perseguían, escalaban para acceder a lugares sospechosos de albergar recursos o seguridad, levantaban pesados troncos para crear estructuras y fabricaban y utilizaban útiles herramientas que aseguraban su supervivencia (Márquez & Celis, 2016). Es obvio, por lo tanto, que el ser humano desde su inicio estaba íntimamente relacionado con la actividad física para sobrevivir y adaptarse al medio y cabe considerar que toda esta actividad física era un medio enfocado a un fin concreto, por lo tanto, desde el planteamiento del objetivo (por ejemplo cazar) hasta su consecución, el ser humano también hacía uso de funciones cognitivas inherentes a la actividad física que se desarrollaba. Por este motivo, tiene sentido que la actividad física esté estrechamente relacionada con las funciones cognitivas del ser humano.

Actualmente no necesitamos cazar para comer, ni caminar durante horas para poder beber agua potable, pero aun así tenemos la oportunidad de practicar actividad física en su versión evolucionada como “deporte” o “ejercicio físico”. Desde las organizaciones de salud nos recomiendan llevar una vida activa donde la práctica de ejercicio físico sea protagonista, puesto que nuestro cuerpo es un conglomerado de estructuras con capacidades mecánicas que deben ser utilizadas, nuestras piernas sirven para andar y correr, nuestros brazos para escalar y luchar o nuestro core para estabilizar el tronco al cargar algo pesado (Lesmes, 2007). Todas estas estructuras generan una serie de respuestas metabólicas, hormonales y cognitivas que se relacionan entre sí dando lugar a mejoras a nivel cognitivo y emocional. Por lo tanto, si practicas ejercicio físico y estás leyendo esto, estás de suerte, ya que vas a tener la oportunidad de saber cómo repercute éste en tus funciones cognitivas y además  podrás conocer mejor tu cerebro.

Atención

La atención es una de las funciones cognitivas más relevantes, ya que nos permite establecer un contacto continuo con los estímulos provenientes del ambiente que nos rodea. Si nuestro cerebro muestra lesiones que afectan al nivel atencional, los estímulos provenientes del exterior no pueden ser procesados y es como si el sujeto lesionado no captara la información que proviene del exterior (García-Ogueta, 2001).

Aunque no es necesario padecer una lesión cerebral para conocer esta sensación, un ejemplo de esto es la situación que se produce cuando el cansancio nos invade. Cuando no dormimos lo suficiente nuestro nivel de activación decae y los procesos atencionales no disponen del rendimiento que deberían, lo que ocurre es que no somos capaces de atender correctamente a lo que nos rodea, siendo muy común perder objetos (como el móvil o las llaves), olvidar tareas que teníamos que hacer, no poder seguir el hilo de una conversación o poder atender correctamente en clase. Es común que alguien de confianza nos diga “hoy estás como ausente”. Con este ejemplo es fácil entender que la atención es la ventana al cerebro, a la mente y en definitiva, a nosotros mismos.

Según el modelo de Posner & Petersen (1990), nuestro cerebro se compone de un sistema de atención posterior, proveniente de áreas cerebrales más primigenias, implicado en la orientación visual y la atención involuntaria como respuesta a los estímulos del ambiente (si alguna vez ha sonado un ruido inesperado en clase y te has sobresaltado y has dirigido tu mirada a la fuente de sonido de forma automática, este sistema ha sido el culpable) y por otro lado, un sistema atencional anterior, implicado en la atención focalizada, más consciente, voluntario y sujeto a control que el sistema posterior. Esta es la explicación de la atención en su versión más básica, es lo que se denomina atención focalizada, la cual se encarga de focalizar nuestros recursos cognitivos, perceptivos y motivacionales a un estímulo concreto. Existen más tipos de atención, en concreto la atención selectiva, sostenida, alternante y dividida, no obstante, no explicaremos cada una de ellas, ya que nos excederíamos en esta entrada.

Para comprender bien el contenido, la atención de la que hablaremos es lo que comúnmente se conoce como concentración, entendida como la capacidad para atender a estímulos concretos durante un tiempo determinado mientras inhibimos los distractores que interfieren con el correcto procesamiento de la información. Una vez comprendido este punto, sigamos con lo que importa, ¿Mi cerebro tiene mejor atención si practico ejercicio físico? Existen diversos estudios que sugieren una mejor capacidad de concentración relacionada con la práctica de ejercicio físico, en este sentido, Gall (2000) señala que el ejercicio físico aeróbico facilita una mejor capacidad para concentrarse en el entorno escolar y prestar más atención en clase, lo que facilita un mejor rendimiento académico.

Así mismo, en  un estudio llevado a cabo por Ferreyra y colaboradores en 2011, unos estudiantes universitarios se presentaron voluntarios para participar en un programa de ejercicio físico con el objetivo de observar la influencia que tenía éste en el rendimiento atencional de los probandos. Los investigadores compararon el efecto del ejercicio aeróbico (caminar durante 30 minutos, aproximadamente 3000 metros) con el efecto del ejercicio anaeróbico (Flexiones, abdominales, remo y sentadillas) en la atención y la concentración, hallando que el ejercicio aeróbico mostraba una mejoría significativa en la concentración de los sujetos y de forma más relevante que el ejercicio anaeróbico.

En base a los hallazgos expuestos y teniendo en cuenta lo relevante que resulta la atención en todos los procesos cognitivos, cabe destacar que la práctica de ejercicio aeróbico es necesario (por no decir obligatorio) puesto que podemos conseguir mejoras significativas en nuestra capacidad de concentración con simplemente una caminata de 30 minutos. Cabe destacar que debido al básico nivel de la atención como función cognitiva, ésta repercute en el resto de funciones cognitivas como la memoria, las funciones ejecutivas y el cálculo, entre otras. Por este motivo es importante incluir en tu rutina deportiva un tiempo al ejercicio aeróbico, ya que de esta manera tendrás una capacidad óptima de concentración y mejor atención, lo que podrá repercutir en el rendimiento del resto de funciones cognitivas. Ten en cuenta que simplemente incluyendo una caminata de 30 minutos parece ser suficiente, por este motivo no hay excusas para no incluir ejercicio físico aeróbico, de hecho, ¡Ahora tienes un motivo!

Memoria

La memoria es una función cognitiva superior que está presente en un gran número de tareas que llevamos a cabo en el día a día. Desde tareas cotidianas como citas que tenemos, sucesos que debemos recordar, información que compartimos con los demás, objetivos que nos marcamos en base a metas diarias (recordar la parada de metro en la que nos debemos bajar), hasta tareas laborales o académicas, como recordar datos sobre cosas que tenemos que hacer en el trabajo o aprender el contenido de una asignatura para aprobar un examen final.

Para el 100% de personas, si se les pregunta si la memoria es útil, sin duda ofrecen una respuesta rápida y afirmativa, además esta función cobra especial relevancia en nuestra sociedad actual, considerando a las personas con mejor capacidad para aprender y memorizar, como más inteligentes e independientes (Ostrosky-Solís & Lozano-Gutiérrez 2003). Pese a que la mayoría de personas sabemos a qué nos referimos cuando hablamos sobre memoria, en realidad pasamos por alto un compendio de tipos memoria diferente que se adquieren de manera distinta y que además, debido a su naturaleza, disponen de diferentes tipos de consolidación y niveles de estabilidad a lo largo del tiempo. Pese a esta diferencia, lo que tienen en común todas las funciones englobadas como memoria es que todas están supeditadas a un hecho en común: el aprendizaje.

Aprender implica adquirir un conocimiento o habilidad nueva de forma consistente para que posteriormente se pueda acceder a dichas adquisiciones de forma fiable y estable para poder usar dicho conocimiento o habilidad (Montenegro Peña et al, 2002). Aunque para facilitar la comprensión de la entrada de este post y no extendernos demasiado, haremos referencia a la memoria declarativa o explicita, en la cual encontramos la memoria episódica (sucesos, cuándo, dónde) y la memoria semántica (Hechos, qué), en definitiva, nos referiremos a la memoria como la memoria que la mayoría de personas conocen como tal.

La memoria, es una función cognitiva que se encuentra deteriorada en pacientes que sufren demencia, sobre todo la enfermedad de alzheimer o en pacientes que padecen secuelas provenientes de lesiones cerebrales, sobre todo aquellas que afectan al área hipocampal y/o temporal o sus conexiones (Dávila, 2009). Estas limitaciones en el aprendizaje de nueva información y/o en el acceso a la información previamente aprendida generan un impacto devastador en la vida de las personas que padecen  este tipo de sintomatología neuropsicológica. Por el contrario, aquellas personas exentas de lesiones cerebrales que tienen una buena capacidad para memorizar y aprender muestran menores niveles de ansiedad, mayor niveles de funcionalidad y mejor rendimiento escolar, académico o laboral (Martín, 2015).

Teniendo en cuenta lo importante que es la memoria en nuestro día a día ¿Cómo puede influir la práctica de ejercicio físico en la misma? Guiados por dar respuesta a esta pregunta, Erickson y sus colaboradores llevaron a cabo un estudio en 2011 en el cual comprobaron los efectos de la memoria en 120 sujetos, los cuales se dividieron en dos grupos: Un grupo sería el grupo control, el cual sólo haría una serie de estiramientos, mientras que el otro grupo, el grupo experimental, llevaría a cabo una sesión de ejercicio aeróbico que consistía en caminar durante 40 minutos. Tras 6 meses de intervención y posteriormente un año, se tomaron medidas del volumen del hipocampo de todos los sujetos, así como de la capacidad de memorizar. Los investigadores encontraron que el volumen del hipocampo de los sujetos que hacían ejercicio aeróbico era significativamente mayor que el de los sujetos del grupo control y además la memoria espacial de los sujetos del grupo experimental mostraba mejor rendimiento. Esta relación entre volumen del hipocampo y rendimiento en memoria tiene sentido, puesto que el hipocampo es un área altamente implicada en la capacidad de aprendizaje y memoria (Passig, 1994).

Imagen 1: Erickson, 2011.

Como podemos ver, el ejercicio físico aeróbico fomenta  que el volumen del hipocampo sea mayor y consecuentemente, la capacidad que sustentan las neuronas de esta área, es decir, la memoria, muestre mejor rendimiento ante la práctica de ejercicio físico aeróbico. Por este motivo es conveniente incluir en la rutina semanal sesiones de ejercicio aeróbico y no es necesario que sean largas sesiones de ejercicio cardiovascular intenso, simplemente con ejercicio aeróbico moderado durante 40 minutos es suficiente para poder disfrutar de un hipocampo con mayor volumen y capacidad. Siendo así, te animo a incluir sesiones de ejercicio aeróbico en tu rutina y si ya las incluías, ahora ya sabrás qué ocurre en tu cerebro mientras las practicas.

Funciones ejecutivas

El ser humano está provisto de una serie de capacidades que les permite hacer cosas que no pueden hacer el resto de seres vivos. Estas capacidades nos ha permitido a lo largo de la historia hacer cosas increíbles como descubrir nuevos continentes, llegar a la luna, desarrollar tecnología de última generación o establecer una sociedad próspera. De entre todos los animales, el mamífero con más desarrollo del lóbulo frontal es el ser humano y curiosamente, es un área que se implica altamente en el sustento de las funciones ejecutivas (Stuss & Knight, 2002). ¿Qué son las funciones ejecutivas? De acuerdo con Tirapu-Ustárroz, Muñoz-Céspedes y Pelegrín (2002) “El término FFEE se utiliza para hacer referencia a un amplio conjunto de habilidades cognitivas que permiten la anticipación y el establecimiento de metas, la formación de planes, el inicio de las actividades, su autorregulación y la habilidad de llevarlas a cabo eficientemente. De forma sintética podemos concebir las FFEE como un conjunto de procesos cognitivos que actúan en aras de la resolución de situaciones novedosas para las que no tenemos un plan previo de resolución”. Atendiendo a la definición expuesta, las funciones ejecutivas son una serie de capacidades muy adaptativas en nuestro día a día y consideradas de gran valor y utilidad, puesto que ofrecen la posibilidad de anticiparse a situaciones complejas para hacerles frente de forma exitosa, permite inhibir los impulsos que interfieren con la consecución de metas establecidas y favorecen a que la persona sea autónoma e independiente. Es nuestra caja de herramientas cognitivas para hacer frente a cualquier situación por muy novedosa o exigente que sea. En este sentido, existen muchas patologías neuropsicológicas, como el daño cerebral adquirido o las demencias, que cursan con la alteración de las funciones ejecutivas, lo que implica de manera inevitable un deterioro significativo en la vida social, personal y laboral de la persona afectada, llegando a implicar la necesidad de depender de otras personas para poder hacer frente a su día a día (Pedrero-Pérez et al., 2011).   

 Siguiendo el modelo de Stuss & Benson (1984), las funciones ejecutivas se valen de la memoria operativa (que es capaz de manejar elementos virtuales a nivel cognitivo, como a la hora de manipular cognitivamente los pasos a seguir para cocinar), la atención focalizada (la capacidad de centrar nuestros recursos en un sólo objetivo), la iniciativa (para poder comenzar una conducta), la perseverancia y supervisión (para poder mantener nuestra aplicación de recursos en la actividad determinada), la inhibición (para controlar los distractores presentes y controlar nuestras emociones), la planificación (para poder establecer los pasos a seguir y asegurar el éxito antes de exponernos a la situación venidera), la organización (con el objetivo de segmentar la información y poder manejarla con mayor éxito) y la flexibilidad cognitiva (para poder ajustar nuestras capacidades y recursos a las contingencias del ambiente).

En nuestro día a día utilizamos estas funciones para hacer frente a las situaciones cotidianas con éxito y además nos permiten afrontar situaciones nuevas y complejas las cuales sólo pueden afrontarse con éxito si se dispone de las funciones comentadas.

Una vez más, la práctica de ejercicio físico fomenta que las funciones ejecutivas muestren un mejor rendimiento por lo que el sujeto deportista que disfruta de sus tan queridas funciones ejecutivas mejoradas puede adaptarse mejor a situaciones complejas o novedosas en comparación con sus homólogos sedentarios.

Martín-Martínez y colaboradores, llevaron a cabo un estudio en 2015 en el que querían descubrir los efectos del ejercicio físico en las funciones ejecutivas de los adolescentes. Tras 8 meses de intervención y sólo con exponer a la actividad deportiva a los participantes 4 días a la semana, los investigadores hallaron un mejor rendimiento en la flexibilidad cognitiva y la memoria operativa de los probandos.

Así mismo, otro estudio llevado a cabo por Maureira Cid y colaboradores (2014), reveló resultados interesantes sobre el rendimiento cognitivo de adolescentes que se expusieron a un programa de actividad deportiva. Los investigadores encontraron que la práctica deportiva mejoraba las calificaciones obtenidas en la asignatura de matemáticas, concluyeron que estos resultados se debían a un aumento en el rendimiento de las funciones ejecutivas de los alumnos, las cuales de manera indirecta influyeron en las calificaciones obtenidas.

Por otra parte, en un trabajo llevado a cabo por el Dr. Kubota de la universidad de Handa (2004) se hallaron resultados significativos en las capacidades cognitivas de los sujetos ante la simple práctica deportiva de correr durante 30 minutos tres veces por semana. Este ejercicio físico (asequible para la gran mayoría de personas) generó mejoras en la capacidad intelectual para memorizar objetos, mostrando además mejores puntuaciones en tareas que implicaban a las funciones ejecutivas y la velocidad de procesamiento.

Por último, en un estudio llevado a cabo por Costigan y colaboradores en 2016, se demostró que el protocolo de entrenamiento a intervalos de alta intensidad o HIIT en inglés (High interval intensity training) generaban mejoras significativas en las funciones ejecutivas de los sujetos, quienes mostraban mejor rendimiento respecto a la organización, el autocontrol, la conducta dirigida a metas la memoria operativa y la flexibilidad cognitiva.

 

Por lo tanto, no sólo el entrenamiento aeróbico moderado genera mejoras en las capacidades concernientes a las funciones ejecutivas, sino también el protocolo HIIT, por lo que sería interesante incluir esta metodología de entrenamiento en las rutinas semanales de ejercicio físico para tener un mayor rendimiento cognitivo de forma completa, haciendo énfasis así en las funciones ejecutivas.

Matemáticas

Imagen 2: Activación del lóbulo frontal, surco intraparietal y cortex cingulado posterior de sujetos físicamente activos, así como mejoras en matemáticas y lectura. De: Hillman, C. H., Erickson, K. I., & Kramer, A. F. (2008). Be smart, exercise your heart: exercise effects on brain and cognition. Nature reviews neuroscience9(1), 58.

 


A nivel cognitivo, las matemáticas reclutan una amplia red neuronal que sustenta diversas funciones cognitivas que participan en la resolución de un problema matemático o en el cálculo complejo. En este sentido, las matemáticas implican (entre otras funciones cognitivas) al razonamiento, a la hora de establecer conexiones entre las premisas expuestas de las cuales se deben extraer conclusiones, implica a la memoria operativa, para manejar a nivel mental todas las variables implicadas, además implica cálculo para conseguir hallar el resultado de las cifras con las que se trabaja y capacidad de inhibición, para concentrarnos en el problema que debemos solucionar y evitar distractores (Sánchez et al., 2012).

 

En este sentido, podemos comprender la magnitud de las implicaciones a nivel cognitivo y cerebral que suponen las matemáticas, las cuales nos ofrecen la posibilidad de hacer cosas tan importantes como la ciencia. A niveles más mundanos, las matemáticas también se usan a nivel cotidiano a la hora de hacer la compra, establecer soluciones a problemas complejos que impliquen manejo de cifras o si eres estudiante y las matemáticas forman parte de alguna de tus asignaturas, suponen para ti una oportunidad para aprender o un medio para aprobar. Nuestro cerebro hace uso de una amplia red neuronal para poder abordar esa ciencia tan compleja llamada matemáticas, aunque destacan dos áreas que se implican altamente en las mismas. El lóbulo frontal y sobre todo, la corteza prefrontal dorsolateral que se ve altamente implicada, puesto que el requerimiento de la memoria operativa para hacer frente a las matemáticas y el cálculo es básico (Radford & André, 2009). Así mismo, el surco intraparietal se ve altamente implicado en la capacidad de cálculo, de hecho, pacientes que muestran lesiones en esta área exhiben dificultades severas para calcular o incluso mostrando incapacidad para el cálculo, mostrando acalculia (Serra-Grabulosa, Adan, Pérez-Pàmies, Lachica & Membrives (2010).

 

La práctica de ejercicio físico parece generar mejoras en la capacidad de cálculo y matemáticas tal y como han demostrado Ahamed y colaboradores (2007), los cuales registraron un aumento de la activación del lóbulo frontal, del surco intraparietal y del córtex cingulado posterior de los sujetos que llevaban a cabo ejercicio físico a lo largo de la semana, lo que implica una red neuronal con una mejor capacidad para llevar a cabo las funciones cognitivas que sustenta. Adicionalmente, los autores registraron en los sujetos mejor rendimiento en matemáticas y lectura cuanta mejor capacidad aeróbica mostraban los mismos.

 

Estos hallazgos son de gran interés, puesto que el hecho de disfrutar de una mejor capacidad aeróbica te ayudará a tener una mejor activación de aquellas áreas implicadas en las matemáticas y la lectura, lo que favorecerá a que desarrolles mejor estas capacidades. Si estás leyendo esto y siempre te ha costado hacerle frente a las matemáticas o te sueles perder leyendo entre un mar de apuntes, ya sabes que si mejoras tu capacidad aeróbica podrás abordar estas pequeñas dificultades con mayor éxito.

Entrenamiento de fuerza

Como hemos visto hasta ahora el entrenamiento cardiovascular tanto en su versión leve o moderada (como caminar durante 30 minutos) así como en su versión intensa (como un entrenamiento que siga el protocolo HIIT) genera beneficios a nivel cognitivo, pero en base a estos resultados cabe preguntarse: ¿El entrenamiento de fuerza también genera efectos significativos y positivos al nivel cognitivo?

Aunque si es cierto que existe menos evidencia al respecto, estudios como el llevado a cabo por Cassilhas y colaboradores (2007) han demostrado que el entrenamiento de fuerza puede generar efectos beneficiosos a nivel cognitivo en aquellas personas que lo practican. Los autores aplicaron un plan de entrenamiento que consistió en la realización de ejercicios básicos y multiarticulares, los cuales se componían de press de banca, prensa de piernas, jalones verticales, crunch abdominal, curl de femoral y ejercicio de contracciones lumbares. Los sujetos entrenaban 3 sesiones a la semana durante 1 hora a lo largo de 24 semanas, trabajando con una carga de 50% de su 1RM (Repetición máxima) en un grupo y con el 80% de su 1 RM en el otro grupo, mientras que el grupo control hizo el mismo entrenamiento pero sin cargas. Los resultados obtenidos revelaron que los sujetos de los grupos que llevaron a cabo el entrenamiento de fuerza mostraban mejor composición corporal (menor porcentaje de grasa y mayor porcentaje de masa muscular), así como mejor bienestar psicológico y mejor rendimiento cognitivo. A nivel cognitivo, el entrenamiento de fuerza generó una mejora en la atención de los sujetos, la memoria operativa, el razonamiento, la memoria visual inmediata y la capacidad visuoconstructiva. Por lo tanto, podemos afirmar que el entrenamiento de fuerza genera efectos positivos a nivel cognitivo y psicológico. Ahora ya sabes que fortalecer tu cuerpo, también implica fortalecer tu cerebro y tus funciones cognitivas.

 

Conclusión final

La práctica de actividad física es algo que nos ha acompañado desde hace millones de años, ya nuestros antepasados practicaban a diario actividad física para sobrevivir, aunque ahora haya evolucionado a ejercicio físico. Este ejercicio físico es lo que otorga sentido a nuestras articulaciones, a nuestros músculos a nuestra capacidad motora y a nuestra capacidad (necesidad) mecánica, ya que somos seres activos y dinámicos.

Paralelo a los beneficios físicos, hormonales y fisiológicos que genera la práctica de ejercicio físico observamos que la misma genera un aumento del rendimiento de nuestras funciones cognitivas, mostrando una mejora significativa en éstas de forma completa y relevante, haciéndonos ser más útiles y eficaces en nuestro día a día. Observamos además, que no es necesario apuntarse a crossfit 6 días a la semana, el simple hecho de practicar ejercicio aeróbico moderado durante 30 minutos, 3 días a la semana parece ser suficiente para mostrar mejoras en funciones cognitivas como la atención, aunque lo ideal es llevar a cabo una rutina semanal donde se practique entrenamiento de fuerza, entrenamiento HIIT y entrenamiento cardiovascular moderado para obtener todos los beneficios cognitivos expuestos.

Aunque hayamos visto las implicaciones del ejercicio físico en nuestra cognición y nuestro cerebro, no sabemos aún la razón de estas mejoras, por lo tanto cabe preguntarse: ¿Qué procesos hay detrás de la práctica de ejercicio físico? ¿Por qué nuestro cerebro muestra mejor activación y mayor actividad si practicamos ejercicio físico asiduamente? ¿Cómo se conecta el ejercicio físico y nuestro cerebro? Para hallar las respuestas a estas preguntas debes prestar atención al siguiente post en el que explicaré los mecanismos que subyacen a la mejora cognitiva y neuronal relacionada con el ejercicio físico y además te ofreceré un ejemplo de rutina de entrenamiento semanal óptimo para que lleves a tu cerebro y a tus funciones cognitivas al siguiente nivel mediante el deporte.

Ahora ya sabes que el ejercicio físico es una potente herramienta para cuidar y potenciar lo más importante que posees: tu cerebro. Con el conocimiento que has adquirido en este post no hay excusas, sino oportunidades, así que ánimo, muévete y disfruta de tu cerebro.   

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Referencias:

 

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