DEL ENTRENAMIENTO A LA COMPETICIÓN (PARTE I)

“¿La práctica hace al maestro?”

La competición puede definirse, de una forma muy sencilla, como la comparación del rendimiento entre deportistas, mientras que el entrenamiento es la preparación dedicada a ésta (Thiess, Tschiene y Nickel, 2004). En artes marciales y deportes de combate, las competiciones resultan del enfrentamiento entre dos contrincantes bajo una serie de estrictas reglas (Cynarski y Skowron, 2014). Dependiendo del arte marcial, del deporte de combate, o incluso de la federación deportiva a cargo, estas reglas limitarán el uso de protecciones, técnicas de ataque y defensa con brazos y piernas, proyecciones, etc. Además, dentro de algunas artes marciales, existen los denominados campeonatos de “formas”, que consisten en competiciones sin contacto en la que se realizan técnicas coreografiadas (Ebell, 2008).

Lacompetición posee una serie de características concretas que difieren de los entrenamientos y que pueden hacer, en mayor o menor medida, que el desempeño sea muy diferente en una u otra situación (Buceta, 1998). ¿Quién no conoce a una persona que rinda mucho mejor en los entrenamientos que en competición?

 

Imagen 1 y 2. Competición (izquierda) y entrenamiento (derecha).

Como puede apreciarse en las imágenes 1 y 2, las situaciones que se dan en competición y en el entrenamiento pueden presentar numerosas diferencias (espectadores, árbitros, espacio, superficie, etc.). Normalmente, aunque se pretenda entrenar de manera similar a la competición (se practican las técnicas que se usarán, situaciones tácticas, etc.) hay muchas variables que pueden influir en el rendimiento de los competidores y que, en ocasiones, pueden dejarse de lado.

Más adelante, expondremos cómo podemos entrenar y planificar simulaciones teniendo en cuenta este tipo de variables.  Pero antes puede resultar beneficioso hacer un pequeño repaso de los procesos de aprendizaje necesarios para comprender la importancia del control de dichas variables, ya sea durante el entrenamiento o la competición.

Discriminación y generalización de estímulos

La aparición de una conducta concreta puede analizarse en función de: 1, los estímulos antecedentes, 2, la propia conducta emitida y 3, las consecuencias de ésta (Martin y Pear, 2008). Nos centraremos, principalmente, en el punto número 1, los estímulos antecedentes.

El comportamiento está influenciado por los estímulos antecedentes a la emisión de la conducta (Martin y Pear, 2008). ¿Qué quiere decir esto? Que es más probable que una conducta se lleve a cabo si se presentan los estímulos antecedentes que estaban presentes cuando se adquirió la conducta (Martin y Pear, 2008). Estos son los denominados estímulos discriminativos.

Por ejemplo, al aprender una técnica de patada circular al abdomen, ésta se realizará primero al aire, a una guantilla o con el saco. Así, la persona podrá aprender primero a realizar la técnica de forma segura, pero ¿será capaz de reproducir la técnica ante un adversario? Y ¿ante un adversario en movimiento que además le devuelve los golpes? Posiblemente necesite un periodo de adaptación, e ir poco a poco incluyendo nuevos estímulos para finalmente, reproducir la técnica de patada circular en distintas situaciones. Además, será necesario saber ante qué situaciones la conducta debe reproducirse o no, es decir, conocer los estímulos que “marcan” que la conducta debe darse (Martin y Pear, 2008; Ribes, 1995). Por ejemplo, será adecuado que se lleve a cabo la técnica de patada en el entrenamiento, cuando el entrenador marca el ejercicio y ante el saco o el compañero que nos pone la guantilla. Así pues, controlar los estímulos presentados antes de la emisión de la conducta cobra un papel muy importante de cara a que la conducta se reproduzca exitosamente en el futuro (Martin, 2008)

   

Imagen 3 y 4. Sparring (izquierda) y paso de peatones (derecha). Realizar un golpeo en la primera es correcto, realizar un golpeo en medio de la calle a una persona paseando, no.

Estos ejemplos nos llevan al siguiente concepto clave, la generalización del estímulo. Quizás en las preguntas anteriores sobre si la persona que aprende una patada circular será capaz de realizar la técnica ante un adversario en movimiento, se te ha venido a la cabeza el caso de algún compañero de entrenos que al poco de empezar ya era capaz de ponerse delante de alguien y realizar un despliegue técnico bastante correcto. Entonces, si la situación no es la misma, ¿cómo es esto posible?

La generalización del estímulo es el proceso que se da cuando una conducta se aprende en una situación concreta (ante estímulos concretos) y se reproduce en otras situaciones (ante otros estímulos) (García y Benjumea, 2002; Martin y Pear, 2008). Esto puede deberse a que los estímulos sean parecidos (características físicas o categoriales similares), por ejemplo, golpear unos paos puede ser relativamente muy similar a golpear el abdomen de una persona. Cuanto más se parezcan estos estímulos, más probable es que se asocien.

 

Imagen 3 y 5. Sparring (izquierda) y combate real (derecha). Ambas situaciones son similares y la realización del golpeo es correcta en ambas.

Entonces, volviendo al inicio y a coalición del título “¿La práctica hace al maestro?”, tras todo lo anteriormente expuesto, nos parece interesante la distinción que hace Martin (2008) en esta frase: “Practicar bajo condiciones similares a las de la competición ayuda a hacer al maestro”.

A continuación, haremos un repaso de los factores a tener en cuenta de cara a maximizar el aumento del rendimiento en los entrenamientos y su transferencia a las competiciones:

Diferencias entre entrenamiento y competición

De cara a clasificar las diferencias entre las condiciones del entrenamiento y la competición, siguiendo con Martin (2008), se propone hacer la distinción en función de las diferencias de los estímulos del entorno físico, del entrenador, de otros deportistas, del nivel de excitación/ansiedad, de los estímulos propioceptivos musculares, el uso de imaginación/visualización y las verbalizaciones.

Estímulos del entorno físico

Los estímulos del entorno físico son, por ejemplo, todos los referentes a nivel de infraestructura como el pabellón o el tipo de tatami/ring, o los referentes al clima y hora de la competición, la presencia de espectadores, uso de megafonía, uniforme, etc.

Así, es posible que en los entrenamientos se puede ser algo más flexible con el uso de uniforme; que no se utilicen protecciones reglamentarias; la superficie (tatami o ring) no sea exactamente la misma y resbale más o menos; es probable que el horario de los entrenamientos no sea el mismo que el de la competición; los periodos de tiempo de actividad y descanso; las condiciones climatológicas (humedad, calor, etc.) pueden variar mucho; y en definitiva, las condiciones físicas no van a ser las mismas. También es importante tener en cuenta la presencia de ciertos estímulos extra como el público o medios de comunicación, los jueces y árbitros o las normas y reglas propias de esa competición.

Estímulos del entrenador

La conducta del entrenador es otro punto clave dentro de las variables para la mejora del rendimiento (Álvarez, Castillo y Falcó, 2010) y puede marcar la diferencia en el entrenamiento y la competición.

A veces, la conducta del entrenador durante los entrenamientos y durante la competición puede variar mucho. El competidor puede estar acostumbrado a escuchar los consejos del entrenador constantemente durante el entrenamiento y en competición no haga apenas comentarios; o puede que durante los entrenamientos el entrenador mantenga mucho la calma y al llegar a la competición grite más de lo habitual o esté demasiado pendiente. Como se puede observar, son varios los estímulos que pueden diferir entre los entrenamientos y la competición y que dificultan o facilitan el desempeño del deportista en función  de las conductas del entrenador.

Estímulos de otros deportistas

Al igual que ocurre con respecto a la conducta del entrenador, la conducta de los otros deportistas puede ser muy distinta entre entrenamientos y competiciones (Martin, 2008). Esto ocurrirá con deportistas contrincantes, pero también la conducta de nuestros compañeros de equipo puede cambiar y suponer otra variable diferenciadora. Normalmente, durante los entrenamientos no estaremos acostumbrados a la presencia de personas ajenas a nuestro equipo, salvo puntualmente. Los deportistas de nuestro equipo, además, variarán posiblemente su conducta con respecto a los entrenamientos. Algunas personas estarán más calladas o aisladas de lo que suelen estar o por el contrario mostrarán signos de nerviosismo o agresividad.

Nivel de excitación/ansiedad

El alto nivel de excitación y ansiedad suponen otros estímulos extra para la competición (Cynarski, Perenc, Radochoński; Martens, Vealey y Burton, 1990 y Siorek-Maślanka, 2011). Así, es posible que durante el entrenamiento bromeemos con las personas de nuestro equipo relajadamente; o que durante el combate miremos el marcador y veamos que vamos perdiendo por varios puntos. La primera situación hará que nuestro nivel de activación sea más bajo durante los entrenamientos frente a la competición, mientras que lo segundo hará que nuestro nivel de activación crezca al ponernos en una situación comprometida.

Estímulos propioceptivos musculares

Durante los entrenamientos se realizan varias (a veces más de 10 y 20) repeticiones de una misma acción o técnica durante un corto espacio de tiempo (normalmente no se distancian más de unos minutos). Estas repeticiones hacen que el cuerpo esté preparado para las repeticiones posteriores (Martin, 2008). Al repetir, reconocemos las sensaciones físicas del movimiento y podemos experimentar las sensaciones propioceptivas de nuestros músculos al activarse. Nos encontramos preparados. Sin embargo, si en vez de realizar una misma acción varias veces en pocos minutos, esperásemos 30 minutos o 1 hora, posiblemente nuestra destreza mermaría debido, en parte, al proceso de inactividad. En los campeonatos puede resultar complicado saber el momento exacto en el que saldremos a competir y, además, pueden pasar desde pocos minutos hasta más de media hora entre un combate y otro.

Uso de imaginación/visualización

El uso de la visualización durante los entrenamientos y las competiciones es otro elemento distintivo. Durante los entrenamientos podemos usar ejercicios de visualización para mejorar el rendimiento. Si bien la visualización puede usarse en cualquier lugar y momento, realizarla en condiciones similares a las que se visualizan aumenta su efectividad (Wakefield y Smith, 2012; Weinberg y Gould, 2010). Como ya hemos visto, durante las competiciones el ambiente cambia considerablemente respecto al de los entrenamientos, lo que puede hacer mermar los efectos positivos de la visualización.

Verbalizaciones

Las verbalizaciones, también llamadas auto-diálogo y auto-habla, son declaraciones dirigidas a uno mismo, con naturaleza multidimensional, que posee elementos interpretativos asociados al contenido de las declaraciones usadas, que es relativamente dinámico, y que sirve, al menos, para instruir o motivar al deportista (Hardy, 2006). La práctica y el uso de este tipo de herramienta durante el entrenamiento, al igual que pasa con la visualización, hará que el rendimiento durante el mismo mejore o empeore. Durante las competiciones, el nivel de destreza usando este tipo de herramientas será también una variable interesante a tener en cuenta, tal y como pasa con las destrezas más técnicas y tácticas.

Conclusiones

Durante este artículo hemos podido ver una pequeña clasificación de los estímulos distintivos entre los entrenamientos y las competiciones, así como evidenciar brevemente los procesos por los cuales estas diferencias son importantes. Con esta información ya se podrán elaborar algunas estrategias para la mejora del rendimiento en competición, sin embargo, en el próximo artículo (segunda parte), se ahondará en la explicación de otros procesos psicológicos útiles, los distintos usos que tienen y ejemplos para la planificación de entrenamientos.

Referencias

Álvarez, O., Castillo, I. y Falcó, C. (2010) Estilos de Liderazgo en la Selección Española de Taekwondo. Revista de Psicología del Deporte, vol. 19(2), 219-230.

Buceta, J.M. (1998).  Psicología del entrenamiento deportivo.Madrid: Dykinson.

Cynarski, W., Perenc, L., Radochoński, M. y Siorek-Maślanka, L. (2011). Competitive anxiety and coping strategies in young martial arts and track and field athletes. Journal of Human Kinetics, 27, 180-189.

Cynarski, W.J. & Skowron, J. (2014). An analysis of the conceptual language used for the general theory of martial arts - Japanese, Polish and English terminology. IDO MOVEMENT FOR CULTURE. Journal of Martial Arts Anthropology, 14(3), 49-66.

Ebell, Biron S. (2008). Competición Versus Tradición en el Judo Kodokan. Revista de Artes Marciales Asiáticas, 3(2), 28-37.

Hardy, J. (2006). Speaking clearly: a critical review of the self-talk literature. Psychology of Sport and Exercise, 7(1),81-97.

García, A. y Benjumea, S. (2002). Orígenes, ampliación y aplicaciones de la equivalencia de estímulos. Apuntes de Psicología, 20(2).

Martens, R., Vealey, R. y Burton, D. (1990) Competitive Anxiety in Sport.Human Kinetics Books. Illinois.

Martin y Pear (2008) Modificación de conducta: qué es y cómo aplicarla. Pearson Educación S. A. Madrid.

Ribes, E. (1995). Causalidad y contingencia. Mexican Journal of Behavior Analysis, 21(3), 123-142.

Thiess, G., Tschiene, P. y Nicke, H. (2004) Teoría y metodología de la competición deportiva. Editorial Paidotribo, Barcelona.

Wakefield, C. y Smith, D. (2012). Perfecting Practice: Applying the PETTLEP Model of Motor Imagery. Journal of Sport Psychology in Action, 3(1), 1-11.

Weinberg, R. Y Gould, D. (2010). Fundamentos de Psicología del Deporte y del Ejercicio físico. Madrid, España: Panamericana.

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